Por qué he creado Zeoden

Como suelen empezar las historias más alucinantes, esta podría empezar así:

Una mañana gris, en un edificio de la calle Gran Vía de Madrid, un muchacho con una mochila cargada de sueños trabajaba diseñando tablas y gráficos para Excel y Powerpoint 97. Otras veces programaba algunas macros con Visual Basic. El fin era automatizar los más posible la entrada de datos que se producía en el departamento y plasmarlos en una bonita presentación.

Así comenzó mi segunda carrera profesional, esta vez de la mano de la programación y el diseño. Hablar sobre la primera carrera lo aplazaremos para otro momento. Pondré foco sobre la segunda parte, el diseño.

Empecé a centrarme en hacer cosas visuales, ya no solo en el trabajo. En mi vida personal empezó a tener relevancia el diseño. Siempre me ha gustado hacer mis propios vídeos caseros, presentaciones y cacharreos. Hasta cualquier portada de trabajo del instituto suponía un reto para mí. En esa época cambié un punto de vista que tenía hasta ese momento, tenía las mismas ganas de seguir inventando y haciendo cosas, pero esta vez tenía más relevancia que, además fuesen bonitas y estuvieran bien presentadas.

Empecé a estudiar diseño, filosofía, psicología… Cursos, libros, formación… excepto por algún curso bien pagado, siempre he sido muy autodidacta, así que devoraba libros, revistas y cualquier cosa que veía por esos primeros tiempos de internet.

Todo esto hizo que mi carrera profesional fuese tomando una orientación hacia el “front” de las cosas, y derivado de ello, a la fotografía.

Moriarthy creando de Zeoden

La fotografía fue tomando protagonismo en mi vida. Poco a poco empezó a convertirse en una de mis principales aficiones, y he de advertir que tengo muchas. Comencé a convertirme en ese pariente que se encarga de plasmarlo todo en las celebraciones familiares y quedadas de amigos. No solo hacía las fotos, sino que me ocupaba de hacer luego el típico pase de diapositivas o montaje de vídeo. Recordad mi grandes conocimientos de Powerpoint. Eso y mis primeros pinitos con Photoshop eran capaces de hacer brujería…

Pasaron los años, aprendiendo, disparando y practicando. Horas detrás de la cámara y delante de Lightroom. Todo iba a su marcha, mi carrera profesional evolucionaba, y acabé cambiando de departamento. Ahora, en el área de Comunicación, podría mostrar mi “talento visual” a más gente (¬_¬).

Vaya turra, pero ahora lo conecto todo… Cuando cogí ya las riendas de mi nuevo trabajo empecé a editar algo de vídeo y a diseñar webs para la nueva y relevante intranet de la empresa. Mucho Photoshop, creo que versión 5 y Premiere nosecual. Bien, llegamos al punto en que empecé a manejar catálogos de imágenes de stock. Una estantería de CD’s con un montón de libros y catálogos asociados era lo que manejaba. Buscabas la imagen en el libreto, mirabas la referencia del disco y el nombre del fichero, y voilá, ahí tenías tu jpg.

He de reconocer que las imágenes no eran nada buenas (todavía tengo los catálogos guardados por aquí en casa). Pero sin duda lo que más me fastidiaba es que la mayoría se habían comprado en una resolución baja porque eran más baratas y total, si son para hacer banners en la intranet, pensaron los del presupuesto. La consecuencia de todo aquello era que solo teníamos algunas imágenes de calidad que había encontrado pasando horas mirando los discos. Estas eran las que se usaban absolutamente para todo, confiábamos en que los que leían una noticia sobre una tecnología, no se acordaran de que la imagen era la misma que la de hace dos semanas para acompañar una landing de una nueva iniciativa.

Empiezo a conectar temas. Solicitar la compra de un nuevo catálogo, o querer comprar algunos recursos nuevos era una tarea impensable. Los departamentos a los que había que implicar y el coste que tenían los derechos de las adquisiciones eran impensables. Se podía hacer, pero era algo realmente tedioso y complicado. Ahí me hice mi primera galería de fotos personales para acompañar a los recursos sobre el stock de fotos. Así sin decir nada, empecé a usar mis propias fotos.

Pasaron los años, y cada vez me adentraba más en el desarrollo web y en el diseño. Como culo inquieto me fui ganando responsabilidades y obteniendo más independencia. Mientras no diese trabajo a nadie, yo podía hacer lo que quisiera. El precio “sólo” era que el mérito se lo llevasen otros. Me daba igual, poco a poco se iba fraguando el plan B.

Había un compañero que ya estaba por allí cuando yo entré, y también parecía igual de inquieto que yo. Él tenía más experiencia, coordinaba el equipo de producción técnica, 12 personas eran en aquellos tiempos. Sabía programar Java, Java!!! gestionar bases de datos y sql, maquetar html, javascript, etc. Pero lo más importante es que era un crack gestionando proyectos.

Empecé a darle vuelta a una idea, el típico proyecto personal con el que te entretienes. Un “y si…” en toda regla. Estaba claro, esto había que hacerlo. Evidentemente pensé en esta persona para compartirlo, ya éramos más que compañeros.

Año 2013, hace 9 años!!! Instagram ya estaba en auge, comenzaba la Era de la Imagen con todo el esplendor que el iPhone había proporcionado. Todo cuadraba, a por ello. Justo ocurrió el momento clave. Necesité una foto. Una imagen de una cámara antigua. Algo retro con que ilustrar no recuerdo que noticia o banner, pero era importante. Incapaz de encontrarla en los libros de stock, acongojado el precio que nos pedían por comprarla en una de los bancos de imágenes más grandes, y sobre todo mareado por la cantidad de particularidades que tenía la gestión de los derechos de autor, cogí una cámara que tenía yo en casa, puse una cartulina en una silla, un par de luces y ahí estaba, perfecta para mi.

Al día siguiente y después de publicar la historia o lo que fuese, le pedí a Alberto (aka Barduino) que bajásemos a tomar un café…

Siempre quisimos “levantar juntos el acero”, trabajar mano a mano y construir un proyecto personal que nos mantuviese unidos. Una excusa que interrumpa nuestras ajetreadas vidas y nos proporcione una buena conversación semanal.

No soy fotógrafo, no me gano la vida usando una cámara de fotos. Soy fanático de la tecnología, la ciencia y las buenas conversaciones. La fotografía en mi vida representa simplemente una afición muy pasional y entretenida. Algo introspectivo, donde solo estoy yo y lo que veo. Pensar en la capacidad de congelar un instante del tiempo me atrae en muchos aspectos. Son recuerdos, fotones capturados y organizados que estimularán mi consciencia durante el resto de la vida. Instantes tan personales que no enseño y ni comparto mucho, hasta ahora.

Un fotón tarda miles de años en salir del Sol, ocho minutos en llegar hasta nosotros, una fracción de segundo en chocar contra el sensor de una cámara.

Si te gusta alguna de nuestras imágenes y decides comprarla, estarás adueñándote de una pequeña parte de nuestro sentimiento. Lo que hagas con ella ya será cosa tuya, nosotros habremos cumplido.

Gracias y bienvenido de todo corazón. Moriarthy.

Puedes ver aquí la primera imagen subida a esta plataforma. Creo que la historia que tiene detrás esa captura es sin duda la primera ven en la que pensé en crear mi propia web de venta fotografías. De aquel momento hasta hoy ha llovido mucho, pero el espíritu se mantiene intacto.

Cámara antigua, Voigtlander Compur

… esta imagen está aquí en primer lugar porque cuando necesité en su día (año 2013) una fotografía de una cámara antigua para incorporar a un proyecto web en el que trabajaba, no fui capaz de encontrarla sin tener que pagar grandes sumas de dinero en gestión de derechos. Me acuerdo del follón que me supuso entender cómo y cuándo podría usar la imagen que pretendía adquirir. Tal fue la desilusión que indignado puse una cartulina negra en una silla en mi casa, un flexo, hice un rebote con un folio blanco y disparé a esta Voigtlander Compur…

Aquella, fue la primera vez que pensé en diseñar y desarrollar Zeoden…

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