Una iguana en un terrario del Zoo
Una iguana, no tiene mucho misterio. Lo que me gustó de esta foto es la combinación de colores que surgieron de la luz cenital que tenía y su verdosa y peculiar piel.
Doy por echo que una iguana puede mantenerse quieta muchísimo tiempo, pero en este caso lo que más ilusión me hizo es que parecía posar para mi. Dio la casualidad de que estaba quieta mirando de frente, pero en cuanto levanté el objetivo giró la cabeza para mirarme. Me resulta super misteriosa su mirada, cuando busco su contacto visual no me queda claro si me mira a mi o si está distraída. Según pienso una cosa u otra, así lo percibo.
Si no recuerdo mal usé el Nikkor 50mm 1.4 fijo que adoro. Un buen recurso en estos ambientes generalmente oscuros, dónde la luz es muy direccional. Suele haber focos de techo dirigidos hacia los terrarios por lo que el objeto está bien iluminado, pero solo en una dirección. Combinar tu posición con esto es todo un reto.
La iguana era preciosa y de toda la visita creo que es, junto con una avestruz que también recuerdo perfectamente, lo que más me gustó, fotográficamente hablando. Publicaré más fotos de animales seguro, casi todas del Zoo de Madrid.
Aquí queda este impactante y elegante momento.

